Me cortaron un dedo, las emociones que ha vivido no dejan pensar.
Quisiera ser un muerto;
Las emociones por las que muere no lo dejan vivir.
¡Para!
Se detiene, y poco a poco se envuelve.
¡Para! y se detiene. Camina hora, tras hora, tras hora y piensa en cómo se escuchará todo lo que habla después de lo que dice. Piensa y camina antes de pararse para ponerse a contonearse. No piensa en otra cosa que su cuerpo moldeándose a través del viento y acostumbrándose a que no ocupe más espacio que lo maleable.
Tiene hambre.
La ventana está abierta y él, él... sigue muerto. Tan muerto como vivo pero más muerto por lo que vivió siendo un muerto sin una vida creciente.
No, no, no. Ellos no saben lo que le pasará una vez que termine de hablar.
Tiene comezón.
¡Su piel se estirará!
Piensan que se adapta y que se ajusta, no conocen ni piensan en algo más confortable.
Ellos piensan que él habla de nosotros, pero no.
Él habla de presentarse a la vida después de comerse entero.
Forma y deforma.
Sé que mata para bien.
Uno solo debería de pensar en comerse solo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario